Lo más reciente

LA PARÁBOLA DE LAS DIEZ VÍRGENES Mateo 25:1-13



“Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir”. –vers. 13


Pocos pasajes bíblicos han sido tan victimados como éste por toda suerte de febriles intérpretes y descabelladas interpretaciones. Los victimarios han despedazado la parábola, y luego, han alegorizado a su gusto y conveniencia cada una de sus partes hasta hacerla decir lo que no dice, más de lo que dice, o lo opuesto a lo que en realidad dice.


Se ha dicho que las diez vírgenes son todos los cristianos; que la división entre prudentes e insensatas representa a los cristianos “espirituales” y a los “carnales”; que las que tenían aceite y las que no, representan a los cristianos que tienen y los que no tienen el Espíritu Santo; que las que entraron a la fiestas de las bodas son los cristianos que se van con el Señor en el rapto secreto, y que las que se quedan representan a los cristianos carnales que tendrán que pasar por La Gran Tribulación para salvarse mediante el sufrimiento y el martirio. Todo esto y mucho más, por el estilo, se ha dicho respecto a la interpretación de esta parábola, provocando el asombro ante tan fecundas imaginaciones. Pero de bíblico y hermenéutico no tienen nada que valga la pena.


Primero: La hermenéutica bíblica demanda que la enseñanza de una parábola no puede ser otra que la que ella explícitamente dice. En este caso, su enseñanza no puede estar más explícita en el vers. 13: “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir”. En esto es que consiste la sensatez o prudencia a la que se nos llama.


Segundo: Todo pasaje bíblico debe de interpretarse a la luz de su contexto inmediato y mediato. “El día ni la hora” se refiere al cuándo de la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo, que como nadie lo sabe, demanda que estemos preparados todo el tiempo hasta que acontezca (vers. 24:36,42,44,50).


Tercero: “El reino de los cielos será entonces como…” – El tiempo a que se refiere esta parábola es al de la futura segunda venida del Señor, cuando habrá un desenlace irreversible: unos entrarán por la puerta abierta, y para otros será demasiado tarde, la puerta se les habrá cerrado para siempre. Quiere decir, que no pueden ser cristianos quienes se “queden” fuera, ni habrá una segunda oportunidad para nadie más. Por eso el Señor responde sencilla y llanamente: “No os conozco” (vers.12).


Además, es imposible ubicar el tiempo de este acontecimiento inmediatamente antes de la “Gran Tribulación” porque Mateo 24 enseña que el tiempo de esta venida, según se ilustra con la parábola, ocurre enfatizando “después de la tribulación de aquellos días”(vers. 29)… “entonces…” (vers. 30,40; 25:1).


Cuarto: El mismo pasaje niega o contradice una segunda venida “oculta, secreta y misteriosa” porque “a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle! Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas” (vers. 6-7).


Quinto: ¿Quién a la luz de todo esto se atreve decir con la mano sobre el pecho y la conciencia limpia delante del Señor, que aquí hay una clara referencia al rapto de la Iglesia antes de la Gran Tribulación? Nadie, a menos que sea por crasa ignorancia o fanatismo dispensacionalista.


Entonces, ¿cuál debe ser la interpretación y la aplicación de este pasaje? Una sola: “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir”. –vers. 13. En todo caso, si fuésemos a considerar otros detalles de la parábola, tendríamos que verlos como complementarios de su enseñanza principal, para no desvirtuarla.


Por ejemplo, hay por lo menos una insinuación de una dilación de la venida del novio, o una actitud peligrosa ante esa supuesta dilación: “Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron” (vers. 5). Eso nos enseña que hay que tener cuidado de no perder nuestra vigilancia o expectativa continua del retorno de nuestro Señor Jesucristo.


Además, hay que tener cuidado con la postergación de prepararnos. Las cinco insensatas se les hizo demasiado tarde para preparase. Y lo peor, trataron de tomar aceite prestado de las otras, y resultó infructuoso. Y es que la preparación para ese día tiene ser personal, y no es transferible ni negociable.


Finalmente, abrigar la esperanza de una supuesta segunda oportunidad de salvación durante una futura gran tribulación después del retorno de Cristo, ni aunque sea al costo del martirio es posible.


Pero, el verdadero creyente está preparado para la segunda venida porque ha sido salvado por gracia, mediante la fe en Jesucristo; y porque el verdadero creyente vive el efecto de la gracia santificante de Dios, que nos hace anhelar ardientemente el día de nuestra redención.