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LA CULPA TIENE QUE SER COMPARTIDA Y ADVERTIDA

Por Milton Villanueva


Resulta muy lamentable enterarnos de iglesias que están atravesando una crisis existencial debido a sus finanzas. La gran mayoría de los casos tienen que ver con iglesias que “compraron” el modelo de “mega templos”, y ahora no tienen con qué pagar la “mega deuda”, además del mega mantenimiento y las mega cuentas de sus utilidades.


Digo que la culpa tiene que ser compartida porque, si bien es cierto que los pastores sucumbimos ante la presión de la moda de los mega templos, no deja de se cierto, que también los mismos miembros de las iglesias sucumbieron a la presión de que necesitaban edificios grandes para acomodar mucha gente, y ofrecer todos los servicios y atenciones que demanda una feligresía. En otras palabras, que para atraer más personas, crecer y estar más cómodos, teníamos que dejar de ser “el colmadito de la esquina”, y convertirnos en un “super colmado” o “supermercado”.


La consecuencia ha sido que una interminable lista de iglesias ha caído en estrepitosa desgracia teniendo que cerrar, vender o mudarse a otro lugar más adecuado a su realidad presente. Y de esta amarga experiencia, sin lugar a duda, hay mucho para reflexionar y aprender.


Primero, que la iglesia no es un edificio. Es más, puede sobrevivir a la falta de un edificio.


Segundo, que, si una iglesia quiere tener un mayor y mejor edificio, tiene que contar con el compromiso de todos sus miembros porque el dinero no nos va a llover del cielo.


Tercero, “no podemos soñar con pajaritos preñados”. Nunca debemos estirar los pies más allá de lo que puede cubrir nuestra sábana. Una cosa es la fe, y muy otra la vanidad humana.


Cuarto, y posiblemente esto sea tan importante o más que todo lo dicho y por decir: me temo que mucho de lo implicado en las mega iglesias con sus mega templos, le ha hecho más daño a la Iglesia de lo que se piensa. ¿De dónde sacamos el modelo de tantos departamentos, clases y ministerios de la iglesia contemporánea? Hemos fragmentado tanto a la iglesia local, ignorando aquello de “divide y vencerás”. ¡Por supuesto que tanta división le ha hecho daño a la iglesia! Todos se acostumbran a “crecer” separados, y el resultado es el de “las líneas paralelas que jamás se encuentran.”

Soy un fiel convencido de que sacar a los niños del templo durante el servicio, y lo que es peor, para que asistan a “la iglesia del niño”, es un disparate. Por otra parte, tener estudios bíblicos por separado en el mismo día y horario del Estudio Bíblico de la iglesia local, tarde o temprano, pero seguro, le pasará la cuenta a la unidad de la iglesia.

Y si la cosa llega a tal extremo, que necesitamos un edificio que pueda albergar alguna cadena de cafetería o restaurante, librería, y otras “tiendas por departamento”, creo que no hemos entendido de qué es que se trata ser una iglesia bíblica.

A fin de cuentas, ¿para que nos empeñamos en endeudarnos tanto por causa de un edificio, si por lo visto, cada vez las iglesias se reúnen menos días a la semana. ¿Es buena administración de los bienes de Dios invertir tanto en lo que usamos tan poco? ¿No será que ya es tiempo de repensar este aspecto de la iglesia, y volver a examinar los modelos bíblicos, y de las iglesias funcionales de nuestros antepasados en la fe?