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"¿Habrá "cristianos carnales" que se queden?"


"¿Usted cree que cuando Cristo arrebate a su Iglesia para el cielo,

habrá "cristianos carnales" que se queden en la tierra?"

Exactamente esa fue la pregunta que me hizo un distinguido misionero de la Alianza Cristiana y Misionera, residente en Quito, en el año 1967 a mi llegada a la República del Ecuador.


No sé por qué me hizo la pregunta, y mucho menos, la esperaba. Lo cierto es que, sin titubeos, le respondí afirmativamente. Hubo un sonoro silencio. Y, a renglón seguido, añadió la próxima pregunta: -¿Y por qué usted cree que va a ser así?-


Sin pensarlo mucho, le contesté con la mejor munición bíblica que yo entendía tener en ese momento de mi corta vida cristiana: -"Eso es lo que enseña la Parábola de las Diez Vírgenes. Cinco entraron a las fiestas de boda, y cinco se quedaron fuera."


El insigne misionero volvió a hacer silencio, y no comentó nada más sobre el asunto. A decir verdad, yo nunca supe cuál era su punto de vista al respecto, ni por qué pasó la página tan rápido, pero me temo que le sorprendió negativamente mi creencia y argumento.


Con el tiempo, cuando ya fui un estudiante de seminario, y a lo largo de todos estos años de leer y estudiar la Palabra de Dios, estoy "requeteconvencido" de que yo estaba equivocado. Una de las cosas que me llevó a esta conclusión fue conocer, que por regla general, las parábolas tienen una singular enseñanza que forma parte de la misma. En este caso, la de la Parábola de las Diez Vírgenes es sumamente clara: "VELAD, PUES, PORQUE NO SABÉIS EL DÍA NI LA HORA EN QUE EL HIJO DEL HOMBRE HA DE VENIR" (MATEO 25:13).


Nota lo atinado de este comentario: "La parábola de las diez vírgenes concluye con la exhortación de “velad” porque los discípulos no saben “el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir” (25:13). Esta frase resume el tema sobre la vigilancia y la necesidad de estar preparados de toda esta sección del discurso (24:36-25:30). Es necesario velar (o “mantenerse despiertos;” en el original griego gregoreo) por la imposibilidad de conocer el tiempo específico de la parousía (24:36-44)." - David Cortés-Fuentes


Como bien dice Hendriksen en su comentario de Mateo: “Por tanto, y en vista del hecho de que el momento de la venida de Cristo es desconocido, en todo tiempo se requiere estar alerta."


¡Esta es su enseñanza! Toda la narración de la parábola tiene un propósito y mensaje único. Si usted fragmenta cada detalle, y trata de encontrarle significado o asignarle una enseñanza a los mismos, usted estará haciéndole violencia a la Escritura para que diga lo que a usted le parezca o cree. Encontrar más de lo que se propuso enseñar el Señor con esta parábola, es tratar de “encontrarle cinco patas al gato” que solamente tiene cuatro.


Si yo tuviera que responderle hoy al venerable misionero, o a cualquier persona, la misma pregunta, esta sería mi respuesta. Usaría el mismo juego de palabras de mi mentor en la fe reformada, Benjamín Alvira: "Sí y no".


SÍ, y me explico. Los únicos cristianos que se podrían quedar, son los que lo son solamente de nombre. En este caso, hablar de "un cristiano carnal" es sinónimo de no ser cristiano. Y, por ende, ninguna persona que, aunque se llame cristiano, no lo sea, no puede formar parte de la Iglesia que Cristo amó y "y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha" (Efesios 5:25-27).


NO. y me explico. Nadie que sea parte verdadera y genuina de la Iglesia de Cristo puede ser dejado atrás o abajo. Esta sería una contradicción insalvable con la enseñanza bíblica de la salvación solamente por Cristo, solamente por gracia, solamente por fe; y del sello del Espíritu, "que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria" (Efesios 1:14).


Y, para finalizar, me gustaría que reflexiones acerca de la concepción de una Gran Tribulación, que será, algo así como un "purgatorio evangélico" para los "cristianos carnales" y una segunda oportunidad de salvación para los que no hayan creído al evangelio hasta el regreso de nuestro Señor Jesucristo. Ambas cosas equivalen a pisotear la obra perfecta y consumada de Cristo, y su justicia.


"El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios" (Juan 3:18).