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Escatología Básica 1

Por Milton Villanueva


Estos dos pasajes son básicos y cruciales para tener una escatología bíblica:


Las promesas (pactuales) fueron hechas por Dios a Abraham y a Cristo.

"Ahora bien, Dios hizo las promesas a Abrahán y a su descendencia. No se dice “y a tus descendientes”, como si

fueran muchos, sino “y a tu descendencia”, refiriéndose a Cristo solamente." - Gálatas 3:16 (BLP)

Estas promesas no se refieren, como a menudo las tomamos, a la menudencia de las cosas cotidianas de la vida cristiana. Se refieren a la obra magna del plan de redención.

Ahora el mismo escritor, Pablo, agrega que todas, enfatizo, TODAS estas promesas tienen su cumplimiento en Cristo.


"pues todas las promesas de Dios se han hecho realidad en él. Precisamente por eso, él sustenta el “Amén” con

que nosotros glorificamos a Dios". - 2 Corintios 1:20 (BLP)


De allí, que la escatología bíblica tiene que ser Cristocéntrica. Aunque el Israel étnico haya sido instrumental para la venida del Mesías, el plan de Dios nunca se limitó a esa etnia sino que contempló a "todas las familias de la tierra". Por supuesto, que Cristo y su evangelio llegaron primero a los suyos, pero nunca se limitó a ellos porque "de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda mas tenga vida eterna" (Juan 3:16).

Por eso, para Pablo todo creyente es un verdadero hijo de Abraham, y coheredero con Cristo de la misma promesa que el remanente fiel de israelitas étnicos de todos los tiempo. Y, además, hemos sido hechos conciudadanos de los santos. Una ciudadanía que, como el reino de Cristo, no es de este mundo sino celestial.

Y esta es la razón por la cual "nosotros esperamos según sus promesas cielos nuevos y tierra nueva donde morará la justicia", no en un milenio literal sobre la tierra sino el de la Jerusalén celestial que desciende del cielo en Apocalipsis 21 y 22.

Ese pueblo de Dios que desciende como una esposa ataviada para su marido es la IGLESIA en la cual Dios ha redimido por la sangre de Cristo, gente de toda lengua, tribu y nación, incluyendo a los judíos creyentes.

No podemos, por tanto, hacer separación entre dos pueblos de Dios (Israel y la Iglesia), ni defender dos planes y destinos diferentes para ellos. Cristo tiene un sólo pueblo que es su Iglesia, la cual amó y dio su vida por ella. Los que todavía defienden esta duplicidad están en contra de lo que Dios ha unido inseparablemente, al costo de la sangre preciosa de nuestro Señor Jesucristo.

Finalizo con una cita de Sam Storms: "Las promesas no se cumplirán exclusivamente en y para una "nación" separada de israelitas étnicos, sino en y para todos los israelitas étnicos creyentes junto con todos los gentiles étnicos creyentes, es decir, en la Iglesia."