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Desaciertos Interpretativos de las 70 Semanas de Daniel 9



Por Milton Villanueva


Introducción


La lista de desaciertos comprobados en cuanto al retorno o segunda venida de nuestro Señor Jesucristo es extensa, variada y parece interminable. Podríamos referirnos a la remota iglesia de los Tesalonicenses, que llegaron a pensar que sus muertos se perderían ese singular evento, y que el mismo era tan inmediato que les concedía licencia para no trabajar. Y a partir de ellos seguir la trayectoria hasta nuestros días, en que todavía hay algunos que evidentemente no han aprendido algo tan básico como que: “Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino solo mi Padre.” (Mateo 24:36) y que tampoco existen “señales”, “sazones”, “tiempos y ocasiones” para poder predecirla, porque “el día del Señor vendrá como ladrón en la noche” (1 Tesalonicenses 5:1-2).


Asombrosamente los graves desatinos escatológicos de los Testigos de Jehová y de los Adventistas del Séptimo Día parten de erradas interpretaciones de las profecías del libro de Daniel, y sus descabelladas aplicaciones futuristas de los mismos. La escatología dispensacionalista tropieza con la misma piedra una vez tras otra. Estos sacan de contexto el marco histórico y cronológico real de las profecías, y se atribuyen la licencia de “justificarlas” con sus pretendidas “profecías de doble referencia”. En los últimos 80 años algunos han puesto fecha al retorno de Cristo basándose en que éste afirmó: “no pasará esta generación sin que todo esto acontezca” (Mateo 24:34). Partiendo de la premisa equivocada de que Israel (que es el reloj profético de ellos) es la higuera, y que estando ya reubicado en su tierra, y reconocido oficialmente como Estado (1948), ellos reiniciaron el conteo regresivo a una generación de 40 años. Con este desacierto hermenéutico establecieron el 1988 como fecha oficial. Y más recientemente, “recalculando” que una “generación” puede durar entre 70 y 80 años se ha vuelto a repetir la historia. Todo lo anterior pudo haberse evitado con una hermenéutica correcta, aceptando que allí la higuera no es Israel, y que por “esta generación” Cristo se refería a sus contemporáneos que vería la lamentable abominación del templo, su destrucción, y la de la ciudad de Jerusalén en el año 70 D.C. Esto nada tiene que ver con personas de casi 2,000 años después.


Y en honor a la verdad, debemos también decir, que es tan malo o peor el “preterismo total” o “completamente realizado”, que nos deja huérfanos de la esperanza bienaventurada de la segunda venida de Cristo, en abierta contradicción con la enseñanza bíblica.

En esta lección nos enfocaremos en la desacertada interpretación dispensacionalista de las 70 semanas del capítulo 9 del libro del profeta Daniel.


Lo que dice el pasaje bíblico – Daniel 9:23-27


23 Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la visión.

24 Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos. 25 Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. 26 Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. 27 Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador.


Tenemos en este pasaje “setenta siete”. La misma historia comprendida en estos “setenta siete (70 semanas) nos demuestra que se trata de semanas de años (70x7) es igual a 490 años. Y esos 490 años se dividen en tres etapas cronológicas consecutivas: 7 + 62 + 1 = 70. Entiéndase: 49 + 434 + 7 = 490 años.


Observemos: 1. Se trata de un decreto o determinación de Dios. Es algo que nada ni nadie lo puede cambiar. Es algo inalterable. 2. Que de lo que se trata en esta profecía es “de tu pueblo” y “sobre la santa ciudad” en relación a la persona y obra de Jesucristo, el Mesías. 3. Tomando en cuenta que el punto de partida del conteo cronológico es la orden para restaurar la ciudad, lo cual ocurre en 538 A.C., cuyo cómputo debe hacerse tomando en cuenta Esdras 3:1-3, tenemos que llegar inequívocamente a la conclusión de que los 490 años no nos pueden llevar más allá del primer siglo de nuestra era cristiana. 4. Que es después de las 69 semanas (483 años), en la última semana (la 70), a la mitad de la misma de se quita la vida al Mesías, esto es a Cristo. 5. Que después de esa última semana (se introduce a un príncipe y su pueblo (Tito y Roma) responsables de consumar el castigo al pueblo judío, destruir su templo y su ciudad por causa de su rechazo y muerte de Cristo, y rechazo y persecución del evangelio y sus mensajeros. Innegable e indudablemente todo esto ocurrió en el primer siglo.


Lo que no dice el pasaje bíblico – Daniel 9:23-27


1. No dice que la semana 70 todavía esté en futuro o haya sido aplazada para un tiempo remoto e indeterminado que ya va por cerca de 2,000 años.

2. No dice que por causa del rechazo y muerte del Mesías (Jesucristo), Dios haya suspendido temporeramente su trato con Israel mediante un paréntesis indefinido (la era de la Iglesia), para luego en un rapto secreto llevarse a la Iglesia para el cielo, y retomar su trato con Israel mediante un período de angustia o gran tribulación de siete años (la semana 70), y lograr la conversión total del pueblo de la promesa (Israel étnico).

3. No dice que al final de la semana 70, Cristo volverá con su Iglesia y junto con su pueblo Israel entrarán a una época dorada de mil años sobre la tierra, antes del Juicio Final.

4. Y, por supuesto, no dice nada de los imaginarios acontecimientos que la escatología dispensacionalista y pretribulacionista introducen equivocadamente durante en el “rapto secreto” y a partir del mismo. Inclusive, sacar a la Iglesia del escenario a partir de Apocalipsis 4, y desvirtuar el mensaje consolador y el aliento triunfal que hay para una iglesia perseguida a través de todo el último libro de la Biblia.


Conclusión


La escatología dispensacionalista y pretribulacional es tan desacertada que no debe ser tragada, ni tratada con paños tibios, por los cristianos fieles a la verdad que de una vez por todas fue dada a los santos (Judas 3). Sus desaciertos han sido responsables de acertijos escatológicos y doctrinales equivalentes a los que hemos condenado implacablemente en algunas sectas, pero que tratamos con guantes de seda dentro de la Iglesia. Cuando lo que está mal, está mal, y debe ser corregido diligente y enérgicamente.


Admitir haberse equivocado fechando la 2da. Venida de Cristo debe producir el abandono de la escatología dispensacionalista que lo indujo a hacerlo. La hermenéutica escatológica dispensacionalista está equivocada y no dejará de inducir a más errores futuristas.