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"Las cosas que no se ven"


Mañana y Tarde de Charles H. Spurgeon

29 de Enero - Meditación de la Mañana

«Las cosas que no se ven.» (2 Corintios 4:18)

En nuestra peregrinación cristiana, sería bueno, la mayor parte del tiempo, mirar hacia adelante, porque adelante se encuentra la corona, y adelante está la meta. Ya sea para la esperanza, el gozo, el consuelo, o la inspiración de nuestro amor, el futuro debe, después de todo, ser el gran objetivo de los ojos de la fe. Al mirar hacia el futuro, vemos eliminado el mal, vemos destruido el poder del pecado y de la muerte, y vemos al alma hecha perfecta y «apta para participar de la herencia de los santos en luz.» Mirando aún más allá, el iluminado ojo del creyente puede ver cruzado el río de la muerte, vadeado el sombrío arroyo, y alcanzadas las montañas de luz donde está la Ciudad celestial. El creyente se ve a sí mismo entrando por las puertas de perla, aclamado como «más que vencedor», coronado por las manos de Cristo, abrazado por Sus brazos, y glorificado con Él. Jesús «le dará que se siente con Él en Su trono, así como Él ha vencido, y se ha sentado con Su Padre en Su trono.» La idea de este futuro bien puede disipar las tinieblas del pasado y la obscuridad del presente. Los gozos del cielo compensarán sin duda las aflicciones de la tierra. ¡Cállense, oh mis temores! Este mundo es sólo un área estrecha, y mi alma pronto la habrá atravesado. ¡Afuera, oh mis dudas! La muerte es sólo un arroyuelo, y mi alma pronto lo habrá cruzado. ¡Cuán corto es el tiempo! ¡Cuán larga es la eternidad! ¡Cuán breve es la muerte! ¡Cuán infinita es la inmortalidad! Me parece que ahora mismo estoy comiendo de los racimos de Escol y bebiendo del manantial que está del otro lado de las puertas del cielo. ¡El camino es tan corto! Pronto estaré allí. Cuando desgarre el mundo mi corazón, Con su pesada tormenta preocupaciones, Mis pensamientos felices me llevan al cielo, Encontrando un refugio de la desesperación. La brillante visión de la fe me sostendrá, Hasta el peregrinaje de la vida acabar; Temores irritarme pueden, y el dolor preocupar, Pero a mi eterna morada, al fin he de llegar. [Traducción al español por Cyberspace Ministry. Todos los derechos reservados.]

Charles Haddon Spurgeon (1834-1892) fue uno de los predicadores más reconocidos de la segunda parte del siglo XIX. Los numerosos escritos de Spurgeon, así como sus sermones brillantes siguen siendo ampliamente publicados hoy, mostrando su importancia a través del tiempo. Su obra clásica Mañana y Tarde sigue siendo, aún hoy, uno de los libros más populares de devociones diarias.

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