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Solo puedo hacerlo por el amor de Cristo en mí

La puesta en la escena de la vida, el compromiso visible con lo que se práctica, es lo que nos llama siempre la atención, es lo que admiramos y apreciamos, Se cuenta que, impresionado por el cariñoso abrazo de un bueno samaritano de Calcuta a un leproso moribundo, un visitante ilustre comentó: yo no haría esto ni por todo el dinero del mundo. Esto inolvidable siervo de los pobres, al escuchar estas palabras exclamó: Yo tampoco sería capaz de hacerlo por todo el dinero del mundo. ¡Yo solo puedo hacerlo por el amor de Cristo en mí!

Nosotros admiramos personas que, como el buen samaritano, fueron capaces de consquitar su egocentrismo personal de tal forma que no solo transformados por el Evangelio de la gracia de Dios en Jesucristo (el amor de Cristo, según esta notable religiosidad), sino que fueron agentes de transformación social. Es esencia propendemos por incorporar totalmente a nuestra vida el buen vivir de la sabiduría, vista y ejemplificada por aquellos que admiramos estando o estuvieron con Cristo caminando.